La educación ocupa el lugar de origen del sistema. Es raíz y cimiento: el punto donde comienzan las trayectorias que hacen posible una vida autónoma y digna. Implica la transmisión de conocimientos, pero también el desarrollo de la capacidad de pensar, discernir y decidir. Desde la primera infancia hasta la empleabilidad juvenil, la educación es el espacio donde se construye criterio propio, bienestar socioemocional y sentido de futuro. Impulsar un ecosistema educativo vivo implica acompañar a escuelas, actores educativos y comunidades para que aprendan juntas, se fortalezcan y mejoren de manera continua, asegurando trayectorias completas, equitativas y pertinentes.
Educación
Por qué importa
4
millones
de niñas, niños y adolescentes en México no asisten a la escuela, y 600 mil más están en riesgo de dejarla por factores como falta de recursos, lejanía o violencia. Invertir en educación importa porque las trayectorias educativas siguen rompiéndose demasiado pronto, especialmente en las transiciones críticas. Cuando una trayectoria se interrumpe, también se reducen las posibilidades de bienestar, participación y autonomía a lo largo de la vida.
35
%
de estudiantes mexicanos no alcanzó el nivel mínimo de competencias en lectura, matemáticas y ciencia. Esto confirma que el desafío no es solo estar en la escuela, sino aprender con pertinencia y calidad. Invertir en educación importa porque el rezago en aprendizajes limita el desarrollo de capacidades para la vida, reduce oportunidades futuras y debilita la posibilidad de que la escuela funcione como motor de equidad.
9 vs. 63
%
Solo 9% de las personas cuyos padres estudiaron primaria o menos logra acceder a educación profesional, frente a 63% de quienes provienen de hogares donde los padres alcanzaron estudios profesionales. Invertir en educación importa porque en México el origen sigue pesando demasiado en el destino. Si la escolaridad de la familia determina la trayectoria educativa, entonces la educación aún no está corrigiendo desigualdades: las está reproduciendo
63 de cada 100
adolescentes de 15 a 17 años están matriculados en educación media superior en México. Esta cifra muestra que una de las principales fracturas del sistema educativo ocurre justamente en una etapa decisiva para el futuro de las y los jóvenes. Invertir en educación importa porque sostener la permanencia en media superior amplía oportunidades, fortalece trayectorias de vida y reduce el riesgo de exclusión educativa, laboral y social.
Ámbitos de inversión