La fundación
Somos un puente que conecta capacidades: acompañamos procesos, compartimos aprendizajes y tejemos redes.

Nos entendemos como una incubadora de futuros: un espacio temporal donde se encuentran saberes diversos, donde se ensayan soluciones estructurales y se tejen redes de confianza que trascienden nuestra presencia. En la Fundación Diez Morodo buscamos evolucionar con el tiempo para adaptarnos a los retos presentes; aprendemos del entorno e innovamos desde nuestros errores.

De individualidad a interconectividad
De representación a presencia
De mecánico a orgánico
De unidireccionalidad a reciprocidad
De velocidad a ritmo
De receta a escucha

De dónde venimos

Una historia de articulación

La historia de Valentín Diez Morodo no comienza con él. Comienza con las montañas de León, España, que su padre Nemesio contemplaba antes de cruzar el Atlántico con apenas 13 años. Comienza con la decisión de un adolescente de caminar hacia lo desconocido con las manos vacías, pero repleto de voluntad. Esa travesía —de Portilla de la Reina a San Miguel de Allende, de los campos leoneses a los mercados mexicanos— no fue solo un viaje geográfico. Fue la primera línea de una red que se tejería durante generaciones.

Don Valentín nace en la Ciudad de México el 1 de junio de 1940. Crece observando. Ve a su padre levantarse antes del alba, recorrer mercados, conversar con productores, negociar con transportistas, redistribuir productos. Aprende que el comercio no es transacción, sino conversación sostenida. Que la geografía no es solo paisaje, sino red de relaciones donde cada nodo —cada persona, cada comunidad— tiene algo que aportar.

En el Colegio Patria, no falta ni llega tarde en 11 años consecutivos. No por obediencia ciega, sino porque comprende temprano algo fundamental: la confianza se construye en la repetición constante, en la presencia, en el cumplimiento de lo pequeño. Ese compromiso sería un principio que guiaría toda su vida.

Estudia Administración de Empresas en la Universidad Iberoamericana y se convierte en el primer egresado de esa carrera. Luego viaja a la Universidad de Michigan para estudiar ventas y mercadotecnia. Pero lo que realmente aprende en esos años no está en los libros. Aprende que el conocimiento adquiere sentido cuando se pone en práctica. Que las teorías cobran vida en las conversaciones con distribuidores, en las negociaciones con aliados, en la construcción de redes que atraviesan fronteras.

Cuando Don Valentín entra a Grupo Modelo en 1966, invitado por Pablo Diez, no llega a imponer una visión. Llega a continuar con el trabajo que su padre Nemesio había comenzado décadas antes. Juntos, padre e hijo, recorren la República Mexicana. No van a vender cerveza. Van a escuchar. A entender y construir relaciones.

La internacionalización de Corona no fue una estrategia de expansión agresiva, sino un ejercicio de traducción cultural. Don Valentín comprendió que llevar una cerveza mexicana al mundo no significaba imponer un producto, sino abrir un diálogo. Cada mercado tenía su propia lógica, su propia red de distribución, sus propias formas de confianza. El éxito de Corona en mercados internacionales no fue resultado de campañas publicitarias masivas, sino de la construcción paciente de alianzas, de la escucha atenta a distribuidores que conocían mejor que nadie sus países. Su labor fue articular esos saberes y crear las condiciones para que esas redes se nutrieran con el tiempo.

***

En 1959, por sugerencia del presidente Adolfo López Mateos, Nemesio Diez decide adquirir el Club Deportivo Toluca. No para hacer un negocio, sino para responder a una necesidad urgente: sacar a los jóvenes del Estado de México de condiciones de vulnerabilidad y ofrecerles una alternativa y un espacio seguro. Don Valentín hereda este proyecto, pero no como una empresa familiar, sino como una responsabilidad con el Estado de México. El club no es solo un equipo de fútbol, es un espacio de formación, de cohesión social, de construcción de identidad colectiva para los mexiquenses. Es un lugar donde se ensayan formas de convivencia, donde se aprende disciplina, trabajo en equipo, compromiso sostenido. Este proyecto revela algo central en la visión de Don Valentín: el desarrollo no se mide solo en indicadores económicos, sino en las capacidades que una comunidad tiene para construir otros mundos.

En 1996 crea la Fundación Diez Morodo, bajo la idea de devolverle a la sociedad lo que la sociedad le dio a la familia Diez. Esta premisa es fundamental. Se trata de reconocer que todo lo construido ha sido posible porque hubo una sociedad que acogió, que confió, que abrió espacios.

Hoy, la Fundación Diez Morodo opera como organización de segundo piso, apoyando proyectos relacionados con cuatro pilares estratégicos: la salud, la educación, el deporte y la cultura. No impone proyectos. Fortalece los que ya existen. No llega con soluciones externas. Escucha qué necesitan las organizaciones y cómo puede apoyarlas para exponenciar su trabajo e impacto.

La Fundación Diez Morodo reconoce a Don Valentín no solo como empresario, sino como un filántropo visionario; un arquitecto de puentes que entendió que el cambio verdadero se genera cuando múltiples actores encuentran las condiciones para colaborar.

A lo largo de su vida, Don Valentín Diez Morodo ha creado las condiciones para que otros se proyecten. Su historia es la de alguien que ha navegado con visión para que las redes que teje se sostengan y potencien. Esta es quizás la forma más profunda de liderazgo: la que se vuelve invisible porque habilita futuros compartidos.

Enseñanzas de los pasos de Don Valentín
La presencia sostenida construye confianza.
Aparecer, estar presente, cumplir compromisos pequeños y grandes.
El conocimiento cobra sentido cuando se comparte.
La educación no es acumulación individual, sino habilitación de capacidades colectivas
La escucha es una forma de producir conocimiento.
Antes de proponer soluciones, entender qué necesitan las comunidades.
Las organizaciones no son centros, son nodos en una red.
Su valor no está en concentrar agencia, sino en articular redes que operan con autonomía.
La reciprocidad no es caridad, es reconocimiento.
Devolver lo recibido no como gesto de generosidad, sino como responsabilidad ética.
Desarrollo filantrópico de Fundación Diez Morodo
1996-2020
Filantropía con enfoque asistencial
El primer paso de esta historia
1996-1999

La Fundación Diez Morodo se funda en 1996 con la convicción de que el éxito solo cobra sentido si se proyecta  mejores futuros compartidos. Poco tiempo después, en el 2000, se funda la Fundación Maelva. Estos dos momentos de la historia reflejan el deseo de devolver a México, lo que México dio a la familia Diez Morodo.

2000-2010

En sus primeros años, la Fundación respondió a las urgencias más visibles del entorno social. Fue un periodo marcado por una filantropía de presencia directa: apoyar, sostener y acompañar a organizaciones de la sociedad civil que trabajaban en educación, salud, cultura y deporte (nuestros 4 pilares estratégicos a la fecha).

Los donativos se dirigieron principalmente a salud primaria —albergues, casas hogar y comedores comunitarios— y a la atención de enfermedades como la diabetes y el cáncer. En educación, se impulsaron instituciones dedicadas a la infancia y a la formación integral, así como proyectos de nivel superior. En el ámbito cultural, el apoyo a museos permitió acercar el arte y el patrimonio a públicos más amplios.

Este periodo sentó una convicción que acompañaría a la Fundación en su evolución: estar cerca importa. Porque escuchar y aprender del trabajo cotidiano de las organizaciones es el primer paso para cambiar las dimensiones de impacto. 

Al caminar, se abre un camino
2011–2014

En estos años, la Fundación hizo una apuesta decisiva hacia la profesionalización de su quehacer filantrópico. Se transita de una lógica predominantemente caritativa a una administración más estructurada de los donativos, mediante la institucionalización de procesos y el fortalecimiento del cumplimiento normativo y fiscal.

Este ordenamiento permitió ampliar el alcance de la inversión social: se incorporaron proyectos de investigación, se fortalecieron iniciativas orientadas al bienestar y desarrollo de las infancias y se consolidó el apoyo a centros comunitarios, sentando bases más sólidas para una acción de largo plazo.

2015–2017

Durante este periodo, la Fundación profundizó su apuesta por la educación como eje del desarrollo social. Se amplió el apoyo a instituciones de educación superior, así como a proyectos de participación ciudadana y educación inclusiva, entendidos como herramientas para fortalecer capacidades y tejido social.

Con una atención especial en Toluca —territorio significativo por la historia del fundador— se impulsó la ampliación de la oferta educativa para las infancias mediante la creación del Grupo Educativo Nevadi, orientado a brindar educación primaria de calidad en contextos de vulnerabilidad.

De manera paralela, la Fundación reforzó su compromiso con la cultura y el desarrollo económico local: se inauguró el Centro Cultural Toluca (hoy Centro Tolzú) como espacio cultural y de entretenimiento, y promovió iniciativas que impulsan la movilidad económica a través del fortalecimiento del comercio y el sector empresarial mexicano.

Y, luego, el camino se reimagina
2018–2019

En estos años, la Fundación consolidó su desarrollo institucional mediante la incorporación de asesorías especializadas que fortalecieron tanto la estrategia de inversión filantrópica como los procesos de gestión de donativos. Se diseñaron mecanismos más claros para la presentación y evaluación de proyectos con incidencia social, elevando el rigor y la coherencia de las decisiones.

En el proceso de remimaginar su alcance, la inauguración de Casa de México en España marcó una expansión simbólica y cultural: un espacio para proyectar la cultura mexicana en un contexto internacional, ampliando el alcance y la conversación de la Fundación más allá del territorio nacional.

2021-2024
Filantropía estratégica
La travesía es inesperada
2020-2022

Este periodo estuvo marcado por la respuesta solidaria ante la pandemia y por un punto de inflexión institucional. La Fundación concentró esfuerzos en el sector salud, apoyando el fortalecimiento de la infraestructura hospitalaria y la protección del personal médico que atendía a poblaciones vulnerables.

Al mismo tiempo, la experiencia de la emergencia aceleró una reflexión más profunda. En 2022 se estableció el primer Plan de Inversión Social (2022–2024) y se inició el diseño de un modelo de filantropía con enfoque estratégico, acompañado del fortalecimiento de la estructura organizacional y de alianzas orientadas a una atención más articulada y de largo plazo.

2023

La Fundación formalizó su modelo de filantropía estratégica, afinando los pilares de inversión social y definiendo con mayor precisión sus campos de acción en salud, educación, cultura y deporte. Este ejercicio permitió orientar la inversión hacia problemáticas específicas, con una mirada integral sobre el bienestar, la inclusión y la prevención.

El año también estuvo marcado por la capacidad de respuesta ante emergencias humanitarias. Tras el impacto del huracán Otis en Guerrero, la Fundación implementó un plan de inversión para la atención médica inmediata y la reconstrucción de viviendas, espacios comunitarios y centros de salud, articulando acciones de corto y mediano plazo.

Paralelamente, la inversión social se organizó de manera más estratégica en las localidades donde la Fundación ya tenía presencia, al tiempo que se amplió a nuevas regiones del país. Se iniciaron compromisos multianuales con organizaciones aliadas para acompañar proyectos de largo plazo, y se fortalecieron los programas de voluntariado como una vía de participación activa dentro del grupo.

Pero trae muchos aprendizajes
2024

La Fundación puso en marcha de manera plena su modelo de filantropía estratégica. Bajo este enfoque, priorizó tres líneas de acción: la asistencia humanitaria, el fortalecimiento institucional de las organizaciones aliadas y la inversión social orientada a comunidades en situación de vulnerabilidad.

El crecimiento presupuestal permitió ampliar el número de organizaciones acompañadas y extender la presencia territorial de los proyectos. La Fundación pasó de operar en 11 a 17 estados del país, consolidando una red más diversa y robusta que articula esfuerzos locales con una visión nacional de largo plazo.

2025-2030
Filantropía sistémica
Porque el futuro se escribe en el presente
2025

En este episodio, la FDM replanteó su enfoque filantrópico para consolidar un portafolio de inversión social más claro, coherente y orientado al largo plazo. Las líneas de inversión se organizaron según el alcance de intervención —emergencia humanitaria, asistencia, servicios, innovación y cooperación—, permitiendo una lectura más estratégica de los proyectos y sus efectos territoriales.

Ese mismo año se incorporó la investigación aplicada como herramienta para comprender mejor los contextos sociales y definir prioridades de inversión por comunidades y territorios. Con una mirada puesta en la sostenibilidad del ecosistema, la Fundación priorizó apoyos multianuales y fortaleció sus capacidades internas en tecnología, automatización y comunicación, reafirmando su compromiso con el desarrollo del sector social en su conjunto.

Y hoy lo estamos escribiendo
2026

Este año inaugura una etapa orientada a profundizar una filantropía basada en la confianza, con enfoque sistémico y situada en el territorio. La Fundación consolida una forma de trabajo que parte de la escucha activa y del reconocimiento de las capacidades locales, entendiendo que los cambios duraderos emergen cuando las soluciones se construyen desde el contexto y en colaboración.

En este nuevo ciclo, la inversión social se concibe como un proceso relacional de largo aliento: acompañar, aprender y ajustar junto con las organizaciones y comunidades. La mirada sistémica permite leer los problemas en su complejidad, articular actores diversos y fortalecer ecosistemas que sostienen el bienestar más allá de proyectos aislados. Así, la Fundación se proyecta como un espacio de conexión, aprendizaje y corresponsabilidad, donde la filantropía se vive como una práctica situada, ética y orientada al futuro.

Consejo directivo
Valentín Díez Morodo
Empresario mexicano con una destacada trayectoria empresarial y filantrópica. A lo largo de más de 40 años ha impulsado iniciativas de alto valor social, dando continuidad a una tradición familiar de compromiso con México de más de siete décadas. Es fundador de Fundación Diez Morodo, desde donde busca consolidar un legado que contribuya a construir un México mejor. Como integrante del Consejo Directivo del Family Office y de la Fundación, aporta visión estratégica, sentido de responsabilidad y una firme convicción sobre el papel de la filantropía en el desarrollo del país.
Arturo Pérez Arredondo
Abogado con una larga trayectoria en la asesoría jurídica y patrimonial de empresas y fundaciones de la familia Diez Morodo en México y España. Como integrante del Consejo Directivo del Family Office y de Fundación Diez Morodo, contribuye a resguardar el legado de la familia en México, aportando gobernanza, solidez jurídica, estructura institucional y continuidad al mandato fundacional.
Pedro Santamarina Noriega
Abogado en funciones de supervisión administrativa y patrimonial dentro de estructuras institucionales de la familia Diez Morodo. Como integrante del Consejo Directivo del Family Office y de Fundación Diez Morodo, contribuye a resguardar el legado de la familia en México y España, aportando una perspectiva jurídica sólida, orden institucional y visión de continuidad de largo plazo.
Ricardo Paullada Nevárez
Contador público egresado del ITAM, con más de tres décadas de trayectoria profesional y actual Socio Director de Chevez Ruiz Zamarripa. Como integrante del Consejo Directivo del Family Office y de Fundacion Diez Morodo, contribuye a resguardar el legado de la familia en México y España, aportando visión empresarial, rigor técnico y una perspectiva de gestión responsable y estratégica.
Javier Cervantes Sánchez Navarro
Economista con experiencia en el sector financiero. Como integrante del Consejo Directivo del Family Office y de Fundación Diez Morodo, contribuye a resguardar el legado de la familia en México y España, aportando una visión estratégica en materia financiera e institucional, orientada a la sostenibilidad a largo plazo de los proyectos filantrópicos.
Equipo Fundación Diez Morodo
Jean Jack Remond
Director General de Filantropía
Cuento con más de 20 años de experiencia en los sectores corporativo, académico y filantrópico. He liderado estrategias de innovación y redes de suministro en empresas como Procter & Gamble y Danone Waters, cofundé la Academy for Systemic Change y actualmente me desempeño como Director General de Filantropía en el Family Office Diez Morodo. También he sido profesor de innovación en la Universidad Iberoamericana. Soy Maestro en Spacecraft Design and Technology por University College London e Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones por la Universidad Iberoamericana. Mi trabajo se enfoca en facilitar procesos de cambio sistémico, generar confianza entre actores diversos y activar inteligencia colectiva para cocrear soluciones con visión estratégica y de largo plazo.
Alejandra Angarita
Directora de Desarrollo Estratégico
Soy ingeniera industrial con especialización en cooperación internacional y más de 23 años de experiencia liderando iniciativas de impacto social en América Latina. Actualmente me desempeño como Directora de Desarrollo Estratégico en Fundación Diez Morodo, donde impulso una agenda filantrópica innovadora y sistémica en educación, salud, deporte y cultura. Durante siete años lideré la estrategia de inversión social en agendas de trabajo digno, inclusión financiera y empleabilidad juvenil para Nacional Monte de Piedad, fortaleciendo alianzas y movilizando recursos. Mi enfoque combina pensamiento estratégico, trabajo en red, fortalecimiento institucional y creación de alianzas entre sectores. Creo en una filantropía transformadora basada en la confianza, la corresponsabilidad y la visión compartida.
Luisa Quinzaños
Directora Operativa
Desde la Dirección Operativa, trabajamos para materializar una filantropía basada en la confianza y sistémica, convencidas de que los cambios suceden cuando entendemos el territorio, sus actores y sus historias. Mi labor es tejer puentes de confianza con las organizaciones, grupos y personas. Mi formación en Emprendimiento Cultural y Social (Tec de Monterrey) sumada a la Maestría en Proyectos Socioambientales (UMA), me permite abordar los retos socioambientales con una mirada integral, para gestionar programas que no solo invierten, sino que regeneran y fortalecen a la sociedad civil. Me mueven las posibilidades que surgen de la acción colectiva para tener sociedades cada vez más justas. En lo personal disfruto mucho estar en contacto con la naturaleza, viajar, comer rico con amistades y familia y escuchar música.
Monserrat Azcárate
Coordinadora de Proyectos
Soy Comunicóloga y Mtra. en Trabajo Social. A lo largo de mi historia, me he especializado en análisis e investigación para el desarrollo comunitario, me mueve estar en constante aprendizaje, imaginando y creando desde lo colectivo para habitar un mundo cada vez más empático con todos y todas. Comúnmente me encuentras escuchando música, visitando proyectos artísticos o rodando en bici por la ciudad. En la Fundación Diez Morodo, soy responsable de la implementación de proyectos estratégicos que se enfocan en investigación, comunicación y tecnología para fortalecer nuestra misión social y nuestra contribución al ecosistema filantrópico.
Lucila Antillón
Coordinadora de Proyectos
Soy Psicóloga y Mtra. en Derechos Humanos, con experiencia en investigación y promoción de derechos humanos, intervenciones comunitarias y proyectos sociales con población en situación de vulnerabilidad. En la Fundación, me encargo de gestionar el proceso para nuevos proyectos, llevar el seguimiento de las iniciativas que apoyamos y tener una relación cercana con las organizaciones de la sociedad civil. En mi día a día me motiva que mis acciones abonen a lograr un mundo más justo, con una perspectiva de género y de derechos humanos.
Leslie Aguirre
Coordinadora de Administración
Lic. en Administración de empresas. Acompaño y doy soporte a los procesos administrativos, fiscales y legales, procurando que los recursos se gestionen de manera ordenada, transparente y responsable, para que cada acción de la Fundación pueda enfocarse en generar un impacto positivo y sostenible. Me motiva ayudar a los demás desde la empatía y la escucha, valores que guían mi forma de trabajar en la Fundación.
Transparencia y gobernanza

La gobernanza de Fundación Diez Morodo da dirección, continuidad y solidez institucional a su labor filantrópica. Nuestro modelo articula visión estratégica, claridad en la toma de decisiones y responsabilidad en la implementación, con el propósito de resguardar el legado de la familia Diez Morodo en México.

La Fundación asume la transparencia y la gobernanza como condiciones indispensables para generar confianza y sostener su impacto en el tiempo. Sus decisiones, procesos y criterios de inversión buscan ser claros, trazables y coherentes con su propósito, entendiendo que una buena gobernanza no se limita al cumplimiento normativo, sino que orienta la forma en que se cuidan los recursos, se rinden cuentas y se construyen relaciones con los distintos actores del ecosistema social. Desde esta postura, la Fundación promueve prácticas éticas, procesos de toma de decisiones informados y una gestión responsable que fortalece su legitimidad y su capacidad de acompañar transformaciones sociales de largo plazo.